Mundial

Y es que la sala de máquinas fue el otro gran problema de la era anterior. Marouane Fellaini, Axel Witsel, Radja Nainggolan, Steven Defour o Moussa Dembélé se caracterizaron por un despliegue físico carente de interpretación del espacio o la organización con balón, sin la personalidad y la jerarquía para llevar una total iniciativa. Cuando parecía que Bélgica tendría que convivir con ello, Kevin de Bruyne comenzó a crecer en una dirección concreta: su talento se enfocó en crear ventajas desde los primeros pases. Guardiola invirtió tiempo en que el belga fuese su ‘organizador Premier’, haciendo que su personalidad y derroche técnico supusieran para Bélgica matar dos pájaros de un tiro: De Bruyne ganaba galones en la creación, sin discusión a su alrededor, con espacio para bajar, tocar, subir y volver a tocar, mientras cedía la mediapunta a un Eden Hazard que ya había abandonado la banda en el Chelsea de Antonio Conte.
El ’10’ ‘blue’ conocía el sistema de tres centrales y dos mediapuntas -Pedro o Willian- que estaba eligiendo Martínez desde bien temprano, siendo parte activa en dicha elección. Hazard maduró en su juego y comenzó a moverse como un punta, un generador de ventajas que invertía la naturaleza de sus movimientos. Lo que antes era recibir en banda y trazar la diagonal sucedía a un movimiento de apoyo y aparición para que su conexión con la jugada fuera de dentro a fuera. La banda como punto intermedio en lugar de punto de partida. Como corolario, el paso adelante dado por Mertens, tanto a nivel posicional como a nivel de determinación, permitiría terminar el puzzle en un 3-4-2-1 que llega a Rusia con más sentido y ‘timing’ que los dos precedentes veraniegos. Todo parece más natural.
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Por nombres, hablamos de una de las selecciones más estimulantes del torneo. Ahora bien, a nivel táctico, hay unas cuantas cosas que chirrían bastante. Y una, a decir verdad, está muy relacionada con la otra. Esta Bélgica de Roberto Martínez potencia mucho la figura de Hazard. Pero esto no está repercutiendo (positivamente) en otros nombres. Y uno de esos es el de De Bruyne.
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Cuando Bélgica ataca (posicionalmente) el del City se está quedando un poco en tierra de nadie. Ni termina de encontrar su sitio cerca del área ni (y ahí va la segunda cuestión) cuando la selección debe transitar en defensa es un argumento realmente sólido. A ver cómo ajusta eso Roberto Martínez, pero este 3-4-2-1 de Bélgica puede sufrir bastante a la hora de defender.
A mí me deja alguna duda, sobre todo por cómo puede encontrar su papel rematador junto a Lukaku y su papel de enlace junto a Hazard. Terminará adaptándose pero no es su mejor escenario. En cuanto a Carrasco, a mí me parece que es la única opción que le quedaba de encajar en un XI con tanta individualidad progresando. Tareas simples, defensa de tres cubriendo sus arrancadas.
Me genera más dudas lo de Carrasco como carrilero (y ya no te digo ante una selección de primerísimo nivel), que lo de Mertens por detrás de Lukaku. Lo normal, en un grupo con Panamá, Túnez e Inglaterra, es que Bélgica domine sus partidos; en espacios muy reducidos. Y ahí, para aparecer entre líneas, Mertens es más fino que Lukaku. Puede jugar de espaldas, conectar con Hazard y tiene mucho gol. De hecho, no descartaría que, en ciertos contextos, Mertens pudiese ser el punta. Aun estando Batshuayi; porque eso, a su vez, podría acercar a De Bruyne al área. Hay muchos matices en esta Bélgica.